Tres poemas de Martín Espada traducidos por Óscar Sarmiento

poemas del libro: Vivas to Those Who Have Failed. New York: Norton, 2016.

Los latidos del corazón del reloj pulsera

Mi padre trabajaba como mecánico para la Fuerza Aérea
y los motores de los aviones le aullaban en los oídos todos los días.
Una mañana desapareció el reloj pulsera que le había dado su padre.
Al próximo día vio a otro soldado con el reloj puesto.
No había nada que pudiera decir: nadie le creería
a un mugriento mecánico de aviones en la base de la Fuerza Aérea
de San Antonio. Fue una noche y se emborrachó
y arrancó los tablones de una barraca vacía para hacerse una fogata.
Encerrado en el calabozo no tuvo cómo saber la hora.

Cuando murió me robé el reloj pulsera de mi padre.
Escuché los latidos del corazón del reloj.
El corazón del reloj continuó latiendo mucho después
que el corazón de mi padre dejara de latir. En algún lugar
el hijo del hombre que en la fuerza aérea le robó el reloj pulsera
a mi padre se lleva el reloj al oído y escucha
latir el corazón del reloj. Conserva el reloj
en un lugar sagrado donde nadie más puede oírlo.
Así el hijo busca consumar la resurrección del padre. La Biblia
se equivoca al contar la historia: somos nosotros
los que buscamos consumar la resurrección del padre.
Escuchamos los latidos del corazón y oímos el aullido.

Gacela para un jovencito espigado de Nueva Hampshire

para Jim Foley, periodista decapitado
en un video de ISIS, el 19 de agosto de 2014

Los periodistas me llamaron y me preguntaron: ¿usted lo conocía?
Fui su profesor, dije muchas veces ese día. Sí, lo conocía.

Una vez fue maestro también, enseñaba en uno de esos pueblitos
de los que desaparecieron las fábricas de algodón y de textiles. Ahí lo conocían.

Les enseñaba a los refugiados de una isla a quienes lo único
que los terratenientes les dejaron fueron las manos. En español lo conocían.

Deletreaban el inglés haciendo que las lisiadas letras
caminaran por la página para él y todo solo porque lo conocían.

Comía de su arroz y porotos, acunaba a sus niños, posaba para la foto
de su graduación de la escuela. Pregúntenles cómo era que lo conocían.

Beliza, Mónica, Limary: escribieron con él un poema sobre cascadas
y ranas que cantan de noche para que las conociera como ellas lo conocían.

Sabemos que sus palabras se convierten en lluvia en la selva del poema.
No podemos decir cuáles palabras son suyas, aunque lo conocíamos.

Su cara en la portada vendió periódicos en los kioscos.
Sus verdugos y su presidente hablaron de él como si lo conocieran.

El periodista que cargaba una cámara me preguntó si había visto el video
que sus asesinos querían que viéramos. Murmuré entre dientes: no. Yo lo conocía.

Una vez fue un jovencito espigado de Nueva Hampshire de pie en mi puerta.
Hablaba español. Quería enseñar. Yo lo conocía. Nunca lo conocí.

Sanan las grietas en la campana del mundo

Para la comunidad de Newtown, Connecticut, donde veinte estudiantes
y seis educadores perdieron sus vidas a manos de un sujeto armado
en la Escuela primaria Sandy Hook, el 14 de diciembre de 2012.

Ahora las campanas hablan con lenguas de bronce.
Ahora las campanas abren bocas de bronce para decir:
escuchen las campanas a un mundo de distancia. Escuchen
las campanas en las ruinas
de una ciudad donde los niños reunieron cartuchos de cobre
como vidrios de colores en la playa
y el cobre hirvió en la fundición y la campana
que nació del horno dice: Nací de las balas, pero ahora canto
un mundo donde las balas se funden en campanas
. Escuchen la campana
en la ciudad donde los cañones de los ejércitos de la Gran Guerra
se hundieron en hierro derretido burbujeando como una olla de chocolate
y las muchas bocas que una vez hablaron la lengua del humo
forman la boca única de una campana que dice: Nací de los cañones
pero ahora canto un mundo donde los cañones se funden en campanas
.

Escuchen las campanas de un pueblo con asta de bandera en la calle principal,
una veleta de gallo que todo lo observa desde arriba del Municipio,
la congregación que se junta a cantar en tiempos de gran silencio.
Aquí las campanas mecen sus cabezas de bronce como si dijeran:
que se fundan las balas en campanas, que se fundan las balas en campanas.
Aquí las campanas elevan sus pesadas cabezas como si dijeran:
que se fundan los cañones en campanas, que se fundan los cañones en campanas.
Aquí las campanas cantan un mundo donde las armas se desmoronan de lleno
en la tierra y nadie recuerda dónde fueron enterradas.
Ahora las campanas dan el recado a medianoche en el antiguo lenguaje
del bronce, campana a campana, como barcos traficando noticias de liberación
isla a isla, el canto propagándose por las nubes.

Ahora repican las campanas como el músculo que late en cada pecho,
sanan las grietas de la campana de cada rostro que escucha las campanas.
Los repiques sanan las grietas en la campana de la luna.
Los repiques sanan las grietas en la campana del mundo.

[Martín Espada nació en Brooklyn, Nueva York, en 1957. Su libro más reciente de poesía es Vivas to Those Who Have Failed (2016). Otros de sus libros de poemas incluyen: The Trouble Ball (2011), The Republic of Poetry (2006), la antología Alabanza (2003), A mayan Astronomer in Hell’s Kitchen (2000), Imagine the Angels of Bread (1996), City of Coughing and Dead Radiators (1993), and Rebellion Is the Circle of a Lover’s Hands (1990). Importantes reconocimientos a la obra del poeta son: el Premio Shelley Memorial, el Premio Robert Creeley, el Premio Literario National Hispanic Cultural Center, el Premio American Book. El libro The Republic of Poetry fue finalista del premio Pulitzer. Espada es profesor titular en el departamento de inglés de la Universidad de Massachusetts en Amherst. El poeta ha autorizado la publicación de las traducciones de tres textos de Vivas to Those Who Have Failed]

[Óscar D. Sarmiento es profesor titular en el campus de Potsdam de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY Potsdam). Estudioso de la obra de Enrique Lihn y de otros poetas latinoamericanos. Recientemente realizó la traducción del libro Crucifixión en la Plaza de Armas de Martín Espada (Ciudad de México: Dharma Books, 2019)]

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